Leonel Dario Irazar
Libros de autoconocimiento

¿Por qué suceden las cosas que pasan por azar? ¿Existe la casualidad? Todo efecto tiene su causa dice el principio de El Kybalión. Pero en algunas cosas es más fácil evidencias las causas y en otras es todo un misterio. Aquellas cosas que no tienen explicación son consideradas dentro del campo de la suerte o del azar.
La ignorancia del porque de la cosa nos lleva a considerarlo casualidad. Este mágico libro recién mencionado sostiene que “el azar no es mas que el nombre que se le da a la ley (de causa y efecto) no conocida”. Es decir, llamamos azar a la parte desconocida de la ley de causa y efecto, que sostiene que “todo efecto tiene su causa y toda causa tiene su efecto”.
“Cuando el hombre perdió el contacto con la magia… la llamo casualidad”. Así sostiene José Luis Parise, psicólogo argentino que ha desarrollado un método de 11 pasos para dirigirse a un objetivo a través de la magia. Si, magia, el arte de crear realidad, de hacer posible lo que para otros es imposible, eso que han dominado todos los sabios y brujos de toda la historia de la humanidad, y que ha sido el principal tema de estudio de científicos como Newton y Einstein. La idea de que manifestamos lo que pensamos, como diría Conny Méndez, es llevada por Parise a algo practico con un método de aplicación, explicado en su libro Casualizar.
Para José Luis todo parte de una idea, la cual aglutina tres elementos que normalmente no diferenciamos: una cosa, una imagen o forma, y una definición. La tendencia natural es a creer que tenemos claro lo que queremos. Pero las ideas son caóticas en si mismas y deben ser ordenadas a través de palabras que definan con claridad que es eso que queremos.
La cosa es Eso que se quiere alcanzar. El resultado deseado. La imagen es la idea que yo imagino de eso, es el punto desde donde parto, la idea inicial que tengo. Y el significado son las palabras que definen exactamente la cosa que quiero alcanzar y la forma en que pretendo llegar a eso desde la idea de la que parto. El significado son las palabras que unen la idea inicial (la imagen) con el resultado deseado (la cosa).
Por lo cual, el primer paso consiste en poner en palabras lo que queremos. “Todo se inicia por la palabra (…) todo se pone en marcha por la oración”. Hace referencia a nombrar lo que queremos, invocando con la boca, y llamando para que se encienda con una llama.
“La idea desde donde se parte es la de una forma de una cosa que se quiere alcanzar como resultado. Pero para concretar la Cosa es necesaria la palabra (…) en cuanto se la escuche, se des ocultara el hecho de que desde lo interno se produce un oculto y misterioso desvió. El mago (…) se inicia en cuanto aprende a detectar en sí mismo ese desvió que ve reflejado afuera”.
Aporta un concepto que me encanta sobre maldecir y bendecir. Maldecir es decir mal. Algo maldito es algo mal dicho. Y bendecir es decir bien, lo bendito es lo que está bien dicho. Todo lo que este mal dicho nos conduce hacia una realidad que no queremos, creada a través de nuestras palabras desviadas, y aquello que esta bien dicho genera los resultados que queremos que son nuestras bendiciones.
Entonces, uno inicia el camino a través de escucharse, comprendiendo lo que esta oculto generando realidad de manera inconsciente. Uno se inicia tomando consciencia de cual es la realidad que está creando a través de lo que piensa, lo que siente, y lo que dice. Parise se enfoca en lo que se dice.
Hablar de lo que esta mal, el problema, o decir lo que no queremos, es maldecir la situación. Debemos empezar por escucharnos para detectar ese desvió. Ese conocimiento nos va a ser de utilidad para emplear las palabras correctas para orar, es decir crear oraciones, que nos conduzcan adonde queremos llegar.
“Descubrir que la palabra va en una dirección diferente a la idea, es descubrir que nuestras fuerzas se han dividido dramáticamente: mientras con una parte nuestra tratamos de crear algo, nuestra mente esta tratando de crear otra cosa”. El autor nos refiere otro interesante concepto relativo a lo esotérico de la biblia. Sostiene que esta es la batalla que se está librando en todo momento entre Dios y el Diablo, entre la creación y la división, entre un ser que ordena su mundo como quiere con la palabra, y el caos que conduce a lo inferior, etimología de infierno, promovida por la división, que es justamente el significado de la palabra Diablo. Justamente divide lo que quiero decir con lo que hablo.
“Nunca tienes un problema en una situación. En la situación tienes que leer que problema tienes”. El humano se convierte en Dios siendo creador de su mundo. Y esto se genera ordenando con palabras esa idea inicial sobre lo que queremos. “La palabra es lo que transforma el orden en caos (…) ¿Y con que se ordena ese caos? Con ordenes, es decir, palabras”.
La palabra escuchada nos revela adonde estamos yendo. Sostiene que nos desviamos por el hecho de que es otro el que nos invoca en nosotros. Hay otro en nosotros que define quienes somos, con que nos identificamos, que decimos, y hacia donde vamos. Esa identidad construida por influencia del entorno en el que vivimos, es decir de los otros, vive en nosotros, produciendo las ideas que se transforman en palabras que por la boca invocan lo contrario a lo que queremos. Escucharlo es la clave para detectarlo.
Una vez que se define bien y se dice bien lo que se quiere es cuestión de dirigirse hacia Eso para que vaya tomando forma. El cómo viene después del qué. Definir que se quiere y polarizarse hacia eso hará que las cosas vayan tomando forma en el proceso de materialización de ese resultado. “Yo le digo al Universo adonde voy… y el Universo me dirá por donde llegar a Eso”.
En el proceso de tomar forma, el factor suerte existe, y se pone del lado de quien aprende a “sortear” los obstáculos, sostiene. “Una vez dada la orden que le dice a nuestro universo con precisión adonde dirigirse para alcanzar el resultado deseado, la forma en que el mismo se mueva para lograrlo desplegara caminos por donde ira tejiéndose el entramado que mas eficientemente nos conduzca hacia Eso”.
Aquello que llamamos suerte, casualidad, o azar, es generado. Son las formas “mágicas” en que el Universo hace que nos encontremos con aquello que buscamos. Cuando lo que decimos, lo que ordenamos, coincide con lo que no queremos, el resultado será lo que no queremos. La suerte, el azar, o la casualidad, es generada por nuestras oraciones invocadas con la boca, por nuestras ordenes que ordenan la realidad. Cuando, en vez de describir la situación desfavorable, empleamos nuestras palabras para decir lo que estaría bien, estamos bendiciendo nuestra vida, y como por arte de magia, el azar pasa a jugar a nuestro favor.
“Si tienes el porque encontraras el cómo”. Nietzsche.