El caos en los festejos del mundial desde una mirada freudiana (Parte 1)

Los vecinos de Cañuelas siguen reclamando justicia por el asesinato de un hombre durante los festejos donde la Argentina venció a Egipto. Lo que era una noche de celebración se convirtió en una tragedia. La gente celebraba en las calles cuando empezaron las peleas entre los barrios que derivo en un tiroteo que se llevo la vida de una persona que según todos dicen no estaba involucrada en el disturbio.

Se suman a este caso una mujer que perdió la vida en Rosario tras caer de una camioneta e impactar contra el asfalto, un joven en Neuquén por la explosión de pirotecnia, otro joven en Parana que fue baleado y lo mismo en Córdoba. Junto a los dos infartos, suman 6 personas fallecidas por los festejos del mundial y nos dejan una triste imagen sobre la manera de festejar que tenemos los argentinos.

—Terrible amigo. ¿Cómo puede ser que haya gente que termine muriendo por un partido que no juega?

—Una locura amigo.

—La voy a apagar porque si no te amargas.

—Apágala por favor. Nunca hay nada bueno.

—Hay un libro de Freud que habla de la psicología de las masas, de como se comportan los individuos en multitud. Dice que las personas se ven llevadas a hacer libremente los impulsos que tienen reprimidos.

—Se ponen todos loquitos viste.

—Ponele. Dice que la mayoría de nuestras acciones son efecto de motivos ocultos que escapan a nuestro conocimiento.

—Están en el inconsciente digamos, ¿no?

—Exacto amigo. Según él, el individuo en la masa pierde su individualidad. Lo heterogéneo se pierde en lo homogéneo. Sus valores individuales son reemplazados por los valores colectivos. Al unirse a la masa, por el solo hecho de ser más en cantidad, el individuo se siente más poderoso, invencible, protegido y parte de algo más grande. Y esa sensación lo lleva a entregarse a instintos y deseos que en su conciencia individual están reprimidos.

—Creo que me ha pasado.

—Si, ¿no?

—Y fíjate que cuando nos juntamos o vamos a algún lado, siempre donde hay mucha gente, hay consumos de todo tipo y se va todo al carajo.

—Es algo cotidiano. Freud afirma que todo en la masa es contagioso. Que las personas se ven persuadidas a imitar a los otros que son sus compañeros, aunque lo que hagan fuera criticado o mal visto si lo hiciera otro que no pertenece a la masa.

—¡Al enemigo ni justicia!

—Algo así digamos. Según dice una de las dos características principales de la masa es que tienen lazos afectivos más fuertes entre sí. Se arma una unión entre iguales, como hermanos, donde cada uno deja de lado sus deseos y su voluntad personal, por amor al grupo y a eso que los une. Imitar y aprobar cualquier cosa que haga otro integrante de la masa equivale a seguir perteneciendo. Criticar u oponerse a la masa o a sus integrantes equivale a dejar de ser parte de ella. Por esto, todos dejan de lado sus individualidades, y adhieren a pensar igual, actuar igual, vestir igual, y ser iguales a sus compañeros de grupo.

—Me suena conocido.

—En la introducción, hay una cita a otro que refiere a que las personas prefieren la absorción en la masa a la insoportable soledad. En ella adquieren una especie de alma colectiva que los hace sentir, actuar, y pensar muy distinto de como lo harían en soledad.

—Bueno, pero entonces, ¿qué? ¿no se puede festejar?

—Claro que sí. Obvio. Solo estamos hablando y tomando conciencia de que nos pasa cuando estamos influidos por una multitud de la que somos parte.

—¿Y este Freud dice que se puede evitar que la gente bardee?

—Explica que las personas son tentadas por los extremos al pertenecer a un grupo masivo. Incluso afirma que si alguien quiere persuadir a la masa no debe tratar de presentar argumentos lógicos, sino promover su exaltación hacia algún extremo. En realidad, discute o trata de ir más allá de Le Bon que directamente critica la conducta social sobre todo por la segunda característica que la psicología le otorga a los individuos en masa.

—¿Cuál?

—Que su capacidad intelectual se deteriora. El individuo en la masa es menos inteligente. Tiene menos necesidad de pensar. Solo debe ocuparse de coincidir con la masa y darle su poder al líder. No hay lugar para pensamientos individuales que difieran, quien piensa algo diferente, es un peligro que siga formando parte de la masa porque promueve la división dentro de ella.

—¿Es así amigo?

—Que se yo amigo. No dejan de ser opiniones. Pero es verdad que toda actividad intelectual, desde leer a pensar, se hacen de manera individual. Pero Freud no coincide con Le Bon. Sostiene que las más elevadas creaciones artísticas y culturales provienen de individuos influenciados por la masa. Además, no puede corroborarse, pero seguramente la actividad individual realizada por un intelectual esta influenciada por lo colectivo. Freud trata de encontrar los porque de estos comportamientos, y su conclusión digamos es que la masa, para no dejarse llevar por los peores impulsos, necesita un conductor y principios que la organicen. Pone como ejemplos a la iglesia y el ejército, multitudes que se organizan detrás de un líder y tienen valores en común.

—Ah, bien.

—Adhiere a que todo grupo de personas que se reúne adquiere naturalmente un líder. Compara el poder de persuasión de los grandes lideres con la hipnosis. Las personas quedan hipnotizadas al mirarle a los ojos, y son totalmente sugestionadas y dominadas por el líder que representa a la masa. Su voluntad pasa a ser la voluntad del líder. Su palabra tiene un poder mágico, capaz de sugestionar a la multitud.

—Si Messi dijera que salgan a festejar en calzoncillos lo harían todos.

—Es probable.

—Sostiene que la masa vive de ilusiones y fantasías incumplidas, y que espera del poder de su líder la satisfacción de esto, que en su soledad es imposible de alcanzar. A eso se debe que su voluntad individual sea dejada a un costado, y priorice coincidir con la masa, para formar parte de ese logro y ese éxito al que solo puede llegar perteneciendo al grupo. Y esta adhesión está limitada a ese éxito. Donde el líder fracasa, la masa se desmorona y se deprime viendo inalcanzables sus ilusiones.

—Si Argentina pierde ya nadie les da bola.

—Pasa. Porque el individuo pierde la expectativa de cumplir sus fantasías, como de ser campeón mundial, por ejemplo, a través de un líder que si puede lograrlo y una masa que se subordina a él.

—Entonces, ¿hay que evitar las multitudes?

—Podríamos decir que hay que evitar dejarse llevar por los impulsos extremistas porque todo extremo es perjudicial. También podríamos decir que hay un deseo de pertenecer que es totalmente valido, es como un recuerdo dentro de nosotros de que todos fuimos, somos, y seremos una misma cosa. Pero por supuesto que para Freud no todo es negativo dentro de la masa, de hecho, ve cosas positivas.

—¿Cómo qué?

—Menciona que las personas adquieren valores morales y éticos para el buen comportamiento en sociedad. El respeto por los demás, los valores comunes como creencias, símbolos, ídolos, relatos históricos, son todas construcciones sociales de la masa que mantienen unidos a sus integrantes. En la individualidad solo prima el interés personal, pero en la masa, la solidaridad y el deseo de que le vaya bien al otro se imponen. El otro deja de ser visto como una otredad, y pasa a ser visto como una parte integrante de la identidad propia, que no es otra que la identidad colectiva. La masa fortalece los vínculos sociales y la identificación colectiva.

—Entiendo.

—Para Freud la figura del líder o conductor de la masa es clave. De hecho, estuvo obsesionado con Moises que era para él, un judío, el arquetipo histórico del líder de masas. Se interesó por estudiar cómo influye el conductor en las masas, ya que para él de esto depende una sociedad bien organizada.

—Necesitamos lideres.

—La sociedad se une cuando hay lideres que la representan y la convocan. Se mantiene dividida cuando no los hay, y prima el interés individual. Mas que lideres, necesitamos principios que sirvan de referentes para unificar.

—¿Principios?

—Claro amigo. Si nos ponemos todos de acuerdo en que el país debe ser independiente económicamente solo hace falta un líder que invoque eso para que convoque al pueblo. Pero mientras estemos divididos creyendo cosas diferentes, no hay posibilidad de que un líder represente a todos por igual. Solo va a representar a una parte, haciendo que la otra parte se oponga y construya un anti líder.

—Y así estamos divididos y somos fáciles de gobernar, como decían los romanos “divide y vencerás”.

—Claro, esa frase se usaba para los extranjeros. No van a ser tan boludos de dividir a los romanos. Los romanos unificados en un líder, en una idea, los demás, dividámoslos así los gobernamos. Por ende, divididos, nos gobiernan los de afuera. Esa es la ecuación.

—¿Entonces necesitamos ideas que nos unan?

—Las ideas y los símbolos también pueden servir de factores organizadores del conjunto. Ya sea una bandera, la forma de las Malvinas, los colores, un ídolo, o un concepto o una frase. Tanto para la masa representada en la identidad nacional o una religiosa, o cualquier grupo que este unido por algo en común, las ideas y símbolos unifican a esas personas.

—Entonces, ¿no son necesarios los lideres?

—Freud diría que lo ideal es un líder que represente esos principios por los que se une la masa. Diría que es imposible vivir sin lideres, ya que al unirse entre los individuos naturalmente surge un líder, y naturalmente surgen acciones que deben ser realizadas por una persona. Lo que caracteriza a la masa es tener algo en común. Esos valores y deseos en común necesitan de un líder que los lleve a cabo.

—A Cabo Verde.

—¡Que grande Cabo Verde! Le jugo a los dos finalistas y no perdió con ninguno.

—Ahora son ídolos.

—Porque lograron tener éxito. Lograron cumplir ilusiones, anhelos, fantasías, de la gente común, que por su propia cuenta jamás podrían lograr. Por eso los aman. Porque a través de ellos cumplen sus deseos. Los admiran, y eso les otorga poder para persuadirlas y conducirlas.

—Como nos pasa a nosotros con nuestra selección. No puedo parar de mirar videos del mundial. Es verdad, depositamos en ellos la realización de nuestros sueños, incluso llegamos a afirmar que ganamos las Malvinas por ganar un partido.

—Esas ridiculeces son lo normal en el comportamiento de la masa. Por eso Le Bon sostenía que baja su capacidad intelectual. Los individuos pierden su capacidad de discernir, y la realidad pasa a ser aquello que en la mente de la masa se define como verdadero y valido. La admiración por los ídolos, que cumplen deseos inalcanzables para el común de la gente, hipnotiza.

—La gente los ama porque cumplen sus deseos y los hacen feliz amigo.

—Es así. Pero eso se termina cuando se pierde. Es una satisfacción pasajera, como el placer inmediato que te da el celular. El resultado a largo plazo, es la frustración de basar los ideales en logros ajenos que no dependen de uno. Freud sostiene que la masa debe estar organizada en lograr que se cumplan sus deseos. Los cuales sería una boludez que se reduzcan a ganar un mundial. La masa debe unirse para algo más relevante, y para eso necesitamos valores que unifiquen y lideres que representen esos valores y organicen a la masa.

—Necesitamos referentes que nos unan.

—En ambos sentidos, sí. Y también sueños personales, para que haya un equilibrio. Creo que lo mejor sería tener objetivos personales, que coincidan en algún punto con la realización de los deseos de la masa. Pero esta es, como la de Freud, solo una opinión.

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