Leonel Dario Irazar
Libros de autoconocimiento

Nuestro mundo nos responde aquello que creamos, en conjunto, nosotros y el universo. La correspondencia es como una respuesta en cooperación, en compañía, con el universo. Este, no puede respondernos lo que se le antoja, no es capaz de inventar solo las respuestas a nuestra vida.
Necesita de nosotros, la otra parte, para que nos disfracemos de emisores de un mensaje, y luego de receptores, intercalando roles, en un divertido juego con el mismo, con el que nos comunicamos a través de nuestra alma.
Nosotros tampoco podemos solos responder a nuestras necesidades y deseos. Si el mundo es mental, y nuestra mente desconoce la participación del universo en la vida, entonces probablemente nos sintamos solos “contra el mundo”. Es que, si el universo no está con nosotros, no tiene otro lugar, más que ponerse en contra nuestro.
El universo nos obedece. Si elegimos creer que el mundo está contra nosotros y es difícil, entonces, nos devuelve eso que pedimos. Si elegimos lo contrario, y agradecemos la posibilidad de hacer lo que queremos en este mundo solicitando su colaboración, este nos otorga eso. Respeta nuestro libre albedrio. Fue decisión nuestra venir a aquí, y es también decisión nuestra elegir que hacer ahora.
Esa fuerza invisible, con la cual co-creamos, desde nuestro templo, es decir, el cuerpo que estamos habitando, no es algo más allá, sino, más acá. No es algo que podamos encontrar en el exterior, ni en un libro, ni en un edificio religioso, ni en un “santo”. Es algo que se manifiesta en todos lados, que convive con nosotros desde siempre, y esta más allá de lo que podemos ver. Es una fuerza que esta guardada en tu interior.
El universo responde a tu pedido. No a lo que digas una vez en el día, tratando de torcer el rumbo de tu destino. Sino a lo que sentís a lo largo del día, a lo que has sentido en tu vida, y a lo que estas sintiendo ahora. No importa lo que digas, el universo escucha como te sentís, y corresponde a vos de esa manera. La comunicación es permanente, y la voz que escucha es la que sale de tu corazón.
Si pedís abundancia, pero te sentís pobre, lo que escuchará, y te devolverá, es lo último. Si no tenes un mango, y estas atravesando adversidades, pero logras sentirte feliz por algún motivo, escuchará eso último, y te dará lo que necesites para lograrlo. En valorar los pequeños logros y las cosas sencillas de la vida está la base de la felicidad, y quizás, de una vida abundante.
Tu vida se corresponde con tus pensamientos vivos, es decir, tus sentimientos. Eso que emite tu corazón, como te sentís, es el mensaje que recibe el universo, para co-crear, junto a ti, tu presente.
Nada puede detenerme, excepto yo mismo. Todo puedo lograrlo, si me lo propongo y hago lo necesario. Soy capaz, de lo que me permita. Recibo todo lo que quiera, en la medida en que doy. Soy tan importante como crea serlo. Soy merecedor de todo, lo que haga lo necesario para alcanzarlo. Soy lo que creo que soy. Creo lo que soy gracias a lo que creo.